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viernes, 13 de enero de 2017

Diócesis de Tumaco (2)

Poetas y músicos del Pacífico nariñense levantan su voz por la paz

 

El anhelo de construir una cultura de paz a partir de la memoria de las víctimas, reivindicando el derecho a la paz y a la defensa de las poblaciones originarias, ha encontrado profunda resonancia en la cultura oral del Pacífico nariñense.

Así lo atestigua un grupo de artistas que han unido sus voces y memorias por medio de la música y la poesía, para dar a conocer sus narrativas frente a la injusticia, las desigualdades sociales y la corrupción de la región, evocando el testimonio de las víctimas y, sobre todo, expresando sus esperanzas de justicia y paz.

La iniciativa de reunir a hombres y mujeres que declamen y canten a la paz, surgió de la Diócesis de Tumaco –a través de la Pastoral Social y de la Casa de la Memoria–, en convenio con el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Romper el silencio

“En nuestro empeño de dar a conocer la memoria de las víctimas de Tumaco y aportar a la búsqueda de la paz, hemos redescubierto gente que con sus versos, letras y composiciones rompen el silencio y el miedo, para denunciar los estragos del conflicto armado y compartir sus sueños de paz y reparación”, comenta el misionero comboniano José Luis Foncillas, director de la Casa de la Memoria.

Fruto de este esfuerzo, la producción ¡Y yo levanto mi voz! Memorias de resistencia y paz en Tumaco recoge, en dos CD, las memorias de las luchas de las comunidades afronariñenses a través de 27 poesías y 15 canciones, interpretadas por once artistas y agrupaciones originarias, si bien es cierto que, como advierten sus realizadores “se trata de una muestra de la creatividad y la capacidad no sólo de estos poetas y músicos, sino de todos los habitantes de la región del Pacífico nariñense, para hacer frente a los impactos de la guerra y, desde su identidad y arraigo por el territorio, levantar su voz y clamar por la paz, por una vida digna”.

María A. Riascos, Casa de la Memoria
En este sentido, María Alejandra Riascos, investigadora de la Casa de la Memoria, quien lideró una parte del proyecto, agrega que “el propósito principal ha consistido en contar lo que pasa en nuestro territorio, compartiendo las realidades de comunidades y de personas que han sido marcadas por la violencia, para comunicar un mensaje sobre la importancia de transformar estas realidades a través de procesos comunitarios que desencadenen cambios políticos”.

Ángel María Estacio, quien hizo parte del equipo de trabajo de la hermana Yolanda Cerón, asesinada el 19 de septiembre de 2001 –siendo directora de la Pastoral Social de la diócesis–, relata en sus poemas la historia de la religiosa que dio su vida por la defensa del territorio y las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. “Yo la acompañé en muchos de sus viajes en lancha, en la lucha por la titulación de los predios colectivos de nuestras comunidades, ella se sacrificó por nuestro pueblo y por eso en mis poemas le rindo un homenaje”.

Por su parte, Yolima Palacios, ha encontrado en la poesía una forma de sobreponerse al dolor del conflicto, que entró a su casa para arrebatarle la vida de sus hijos Arley, de 19 años, y John Jairo, de 17, asesinados entre 2012 y 2013. “Yo soy paz, y ni el asesinato de mis hijos me puede cambiar”, confiesa la autora de poemas como La verdad, La poeta y su hijo amado, y Renacer.

Ángel María Estancio, poeta
Una experiencia similar ha vivido Tatiana Benítez, a través de la música, tras el asesinato de su esposo por parte de un grupo armado. “La música y los procesos comunitarios me ayudaron a sanar, me permitieron perdonar y continuar, por mí, por mis hijas y por mi familia”. Tatiana es cantautora de Necesito de ti, Brinda amor, y Canto. También es etnoeducadora y se encuentra vinculada a grupos de apoyo a mujeres víctimas del conflicto.

En el caso de Octavio Montes, ‘el poeta del pueblo’, los impactos de la guerra y las situaciones de desigualdad y corrupción, hacen parte de sus versos, lo mismo que los saberes ancestrales, pues está convencido de que para hacer poesía es preciso “tener el oído atento en el transcurrir de la cotidianidad popular”. Basta ya, Colombia pide a gritos la paz, Drama campesino, y La paz, son algunos de sus poemas.

De igual forma la poesía de Mailen Quiñones reconoce los valores ancestrales del pueblo afro, su memoria, sus víctimas y su resistencia por la defensa de sus costumbres, de su territorio y de la biodiversidad. Dice que compone “para conservar la tradición oral pero también para denunciar”, pues en carne propia ha vivido los impactos del conflicto armado. De ello hablan sus poemas La situación, Por la vida de la naturaleza, Legislación étnica, y Desarrollo alternativo.

Asimismo, los acontecimientos violentos que han lacerado la historia reciente de los tumaqueños, ha inspirado varias de las poesías de Yolanda Ramos, como Entierro con balacera, Atentados en Tumaco, y La guerra de los colombianos. Hija de Críspulo Ramos, líder de procesos culturales y musicales, reconocido como uno de los mejores marimberos de Tumaco, Yolanda considera que su poesía es un ejercicio incesante en búsqueda de sus raíces.

En el caso de Nila Castillo, su profesión de trabajadora social la ha llevado a conocer vastas realidades en el Pacífico nariñense, que posteriormente ha narrado en forma de poesía. Hablar de paz, Que nadie diga que no pasa nada, Quiero preguntarle a Dios, y Reflexión sobre la ley de víctimas, son una muestra de ello.

En son de paz

Casa de la Memoria Tumaco
Varios músicos también han sumado sus voces ‘en son de paz’. Entre ellos Walter Castillo, ‘Master Rap’, con ritmos hip hop canta a la identidad afro y a la resistencia: Soy negro, Enfermedad de maldad, y Gritos con llantos, son algunos de sus temas. Yuri Marcela Zúñiga, ‘Yurimar’, desde sus convicciones cristianas ha comprendido que la música urbana es un canal de comunicación con los jóvenes y un medio de transformación social. Así lo expresa en sus canciones Clamor por Tumaco, La buena batalla, y Basta de sangre en mi pueblo.

A la cuota musical se suman algunas canciones de A.R.S., una agrupación conformada por cuatro jóvenes que sueñan con transformar la realidad social de Tumaco por medio de sus voces y sus letras, entre las que se encuentra: Mi Tumaco, Tengo un sueño, y En honor a mis héroes. De igual forma, Represent Tumaco, alza su voz de protesta frente a la desigualdad social y la discriminación de los pueblos afros en canciones como No somos esclavos, Reflexión, y No queremos más violencia. “Cantamos a la identidad, la dignificación y el reconocimiento de los derechos humanos étnicos”, asevera Emere Quiñones, uno de sus integrantes.

“El trabajo apenas empieza”, solía decir Yolanda Cerón. Tejer la memoria de un pueblo con música y poesía, hace parte del largo caminar hacia la paz y la no repetición.

Contra el olvido

¡Y yo levanto mi voz! está dedicado a aquellos que defienden la vida con su propia vida. “Este conjunto de memorias, contra el olvido y la indiferencia frente a las víctimas, constituye un testimonio colectivo hacia la no repetición”, afirma María Alejandra Riascos, investigadora de la Casa de la Memoria de la diócesis de Tumaco.


@OscarElizaldeP

Publicado en Vida Colombia (edición colombiana) No. 159, pp. 48-49.
Fotos: Deysi Moreno García



sábado, 19 de septiembre de 2015

Mística & Cultura

Polisemias contemporáneas de la mística


Aunque “mística” sea un vocablo que evoca lo medieval, no deja de ser actual y encierra múltiples acepciones en la vida cotidiana y en la cultura. Hoy parece inevitable una polisemia en la que se evidencia que una persona puede ser reconocida por su talante “místico”, y, simultáneamente, un espacio físico puede ser nominado como “místico”. De igual forma, un momento puede ser “místico”, así como una obra de arte posibilita una experiencia “mística”.

De este modo, hay quienes consideran que algunos líderes espirituales como el papa Francisco, el Dalai Lama, Teresa de Calcuta u Óscar Romero, encarnan un talante eminentemente “místico”. Pero también, quienes han conocido las ruinas de Machu Pichu en Perú, o las impresionantes cataratas de Iguazú en la triple frontera entre Brasil-Paraguay-Argentina, o el inconmensurable bioma Pan-Amazónico con sus ecosistemas, ríos y selvas, o las exóticas Islas Galápagos en Ecuador con sus numerosas especies endémicas; pueden dar testimonio de que estos lugares convocan a la “mística”.

Como experiencia, la “mística” adviene cuando se peregrina a un “lugar santo” como Chiquinquirá, Monserrate o Buga en Colombia, Guadalupe en México, o Lourdes en Francia; o cuando se comparte la fe en comunidad, en una vigilia de oración, por ejemplo; lo mismo que cuando se contempla una puesta de sol, como solía hacerlo El Principito de Saint-Exupéry, o incluso en el silencio y la soledad de un retiro espiritual.

Y sin embargo, los vitrales de una iglesia, los cuadros de Rembrandt, Guayasamín, Van Gogh, Miró o Renoir; la música de los clásicos Beethoven, Mozart, Bach, Schubert, Chopin y de otros, más contemporáneos, como John Lennon, Tom Jobin, Mercedes Sosa…, así como la literatura de Rubem Alves, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, y la arquitectura de Oscar Niemeyer, la escultura de Fernando Botero, y las geometrías de Omar Rayo, por mencionar sólo un puñado de artistas conocidos… también comunican altas dosis de “mística” a través de sus obras artísticas.

Las polisemias de la mística permiten entrever que se trata de un asunto que escapa al dominio exclusivo de la teología, de las ciencias de la religión y de la fenomenología religiosa. En tiempos de complejidad e interdisciplinariedad, la mística es susceptible de múltiples aproximaciones de la cultura y, al mismo tiempo, la mística configura y re-crea la cultura, dotándola de nuevos sentidos y significados. En palabras de D. Cumer, “la cultura informa la mística y la mística informa la cultura”.

Así se percibe en la pintura, la música y la literatura, lo mismo que en la política, la ecología y la antropología, por ejemplo, donde la mística permea la cultura. Son pocos los espacios de la cultura que no registran la incidencia de lo místico. Por su parte, la cultura hace que la mística abandone su estado de abstracción y se concretice en formas y espacios visibles y experienciales. Con todo, mística y cultura no parecen seguir una regla específica ni un patrón exclusivo; tampoco obedecen a una lógica unidireccional. En Occidente, las herencias espirituales y místicas de Jerusalén-Atenas-Roma y aún de los pueblos originarios y ancestrales, informan las múltiples y plurales expresiones que han configurado la cultura hasta nuestros días, impregnándola con sus lenguajes, sus símbolos, sus mitos, sus técnicas, sus ritos, sus valores, sus cosmovisiones, e incluso sus instituciones y jerarquías.

Más mística y menos religión

Paradójicamente, en la medida que asistimos a procesos severos de laicismo y des-cristianización, en los que la institucionalidad religiosa progresivamente cede su lugar a la sociedad civil; sin embargo, se manifiesta una creciente búsqueda frente a lo místico, lo espiritual y lo sagrado. De alguna manera, se podría decir que el mundo secularizado y posmoderno ha optado por la “mística” en lugar de la “religión”.

En este sentido, si se acepta que la laicización de las sociedades modernas ha cooptado la antigua presencia avasalladora de la religión o, mejor, de las instituciones religiosas, cabe la pregunta sobre el auge actual de la mística en contextos culturales, notablemente “prevenidos” ante la cuestión religiosa.

Desde una mirada antropológica, João Batista Libânio y Edgard Hengemüle han planteado, justamente, la emergencia de una “ola espiritualizante” que no representa alguna tradición religiosa en particular, más bien refleja la necesidad de compensación ante las carencia existenciales de los individuos, de modo que “lo sagrado y lo místico pueden llegar a cumplir una función consoladora frente a problemas inmediatos que las personas no consigue resolver”.

Así, se constata que el homo mysticus y el homo culturalis no pueden ser asumidos como dicotomía operante, ni siquiera ante los imperativos de la secularización. Mística y cultura son cualidades esenciales y existenciales, coexisten y se complementan. El desplazamiento de la religión no significa, por tanto, la muerte de la mística ni de las experiencias sagradas y las espiritualidades en las que se fundamenta. Por el contrario, cada vez más se constata que la cultura está atravesada por la mística y, a su vez, la mística es viable a través de diversas formas culturales. Sin embargo, no todo lo que constituye la cultura tiene connotaciones místicas y viceversa. ¿Cómo discernir lo que hay de mística en la cultura?

Belleza, bondad y verdad

Fundamentalmente se podría decir que la mística atrae. Más concretamente, en el campo de la cultura, es posible postular que su capacidad de atracción deviene de una triada de virtudes que ha tenido profunda resonancia en Occidente y que bien podría asumirse como criterio de discernimiento hermenéutico: la belleza, la bondad y la verdad. Un lugar, una obra de arte, una experiencia o una persona podrían ser consideradas bajo el lente de la mística, en la medida que comunican el misterio de belleza, de bondad y de verdad que las inspira.

Si se acude a la expresión de teólogo alemán Johann-Baptist Metz, quien apela por “una mística de ojos abiertos”, la cultura puede ayudar a “abrir los ojos” a la belleza, a la bondad y a la verdad del otro y del Otro, sacando al ser humano de su ensimismamiento para lanzarlo a la alteridad, es decir, invitándolo a recorrer caminos nuevos, colmados y abiertos a nuevos misterios. Tal vez esta pueda ser una clave de lectura para descubrir y discernir la mística desde la perspectiva de la cultura hoy.


Publicado en Vida Nueva Colombia No. 128

miércoles, 5 de junio de 2013

Mitad ángeles, mitad demonios

Cuerpo, arte y religión bajo el lente de Mauricio Vélez



 
Fue una entrevista sin "advertencias", en el tiempo en que su muestra "mitad ángeles, mitad demonios" levantaba polémicas y amenazas de censura.

Desde el rigor estético del arte, que también se deja abrazar por las éticas de la cotidianidad, me propuse descubrir la sensibilidades que hacen parte de la obra y, por tanto, de la vida del artista.

Durante nuestro encuentro, Mauricio confesó que se había demorado 25 años para presentar por primera vez un trabajo personal. Ahora se sentía con la capacidad de contar la historia desde una perspectiva profesional, con honestidad y veracidad.

Con el "libro rojo" que contiene el catálogo completo de "mitad ángeles, mitad demonios", comenzó por comentar la imagen de la portada: la serpiente.

Por primera vez sentí que era posible establecer diálogos contemporáneos entre sociedad, cultura y religión, porque las fronteras de lo que hay "en la tierra como en el cielo", en realidad no existen. Los puritanismos y las satanizaciones nos han hecho mucho daño. ¡Somos seres humanos! ni ángeles ni demonios. Entonces nació este Blog. ¡Bienvenidos y bienvenidas!  





La entrevista se publicó en Vida Nueva Colombia No. 37  (19.10.2011).

El libro Mitad ángeles, mitad demonios se encuentra disponible en la página oficial de Mauricio Vélez: fotografomauriciovelez.com.

Fotos: www.fotografomauriciovelez.com