martes, 6 de octubre de 2015

Radio San Gabriel

La voz del pueblo aymara
(Aymar markan arupa)

“Desde la ciudad de El Alto hacemos eco al pueblo aymara en su lenguaje, su forma de vivir, sus costumbres, sus ritos, en todo aquello que constituye su cultura. Por eso nos reflejamos en ellos y decimos que somos la voz del pueblo aymara”. Así se refiere Felipe Acho Mamani a su tarea en la coordinación de la programación de Radio San Gabriel, cuya emisión diaria comienza a las 4:25 a.m. con el himno de Bolivia en aymara, y concluye a las 10 p.m. con una oración-reflexión.

En el transcurso de las últimas seis décadas, este importante medio radiofónico de la Iglesia católica boliviana se ha erigido con un particular liderazgo en el campo de la comunicación educativa y la formación técnica-humanística productiva, constituyéndose en un centro de educación alternativo al alcance de todos, en los 98.2 de la frecuencia modulada y on-line (radiosangabriel.org.br), en sintonía con la población aymara.

Su actual director, el hermano lasallista Felipe Ampuero, considera que “el impacto que ha tenido Radio San Gabriel en el pueblo aymara ha sido enorme durante estos 60 años de existencia: ha instruido, capacitado, alfabetizado y evangelizado a miles de personas, particularmente del campo y comunidades de las ciudades de El Alto y de La Paz, e incluso de países vecinos como Chile, Argentina y Perú”.

En efecto, sobre los pilares del Ayllu (la comunidad) y el Ayni (la ayuda recíproca), propios de la cultura aymara, que dan paso a los principios de universalidad, solidaridad, equidad y eficacia, esta emisora se ha constituido en una auténtica “escuela de formación” radial, por donde han pasado varias generaciones de comunicadores autóctonos, al servicio de sus propias comunidades originarias, que, en palabras del hermano Ampuero, han hecho posible que “otros medios de comunicación aymara surjan en el medio, incluso en el seno del Ministerio de Educación de Bolivia, emulando las metodologías e intuiciones de nuestro trabajo consuetudinario”.

Empoderamiento

La educación bilingüe, priorizando la lengua aymara en cada uno de los programas así como en todos los servicios de educación comunitaria, cultural y técnica que se ofrecen, ha propiciado no solo una notable recuperación del léxico, sino también la generación de nuevas palabras y significados que contribuyen al desarrollo de la lengua y de la cultura, con positivos efectos en el empoderamiento del pueblo aymara.

Justina Torrez Caparicona, comunicadora aymara
Así se constata en la labor que desempeña Justina Torrez Caparicona, locutora aymara responsable del programa de avisos, comunicados y felicitaciones que presenta con su colega Carlos Mamani en tres momentos del día: entre las 7:30 y las 9:30 de la mañana, la 1:00 y las 2:30 de la tarde, y las 6:00 y 7:00 de la noche. Así, las convocatorias a asambleas y reuniones, los mensajes de cumpleaños, las notificaciones de fallecimientos, las ofertas de trabajo, y las informaciones sobre campeonatos deportivos, entre muchos otros asuntos, son traducidas “al aire” del castellano al aymara, por una comunicadora que se identifica con su pueblo.

La programación diaria incluye diversos tópicos referidos a la cultura aymara: cuentos y leyendas, temas agropecuarios, espacios musicales, lengua aymara, medicina tradicional… También se desarrollan dos ediciones de noticias (en la mañana y en la noche), tres momentos breves de oración y reflexión (al inicio del día, al mediodía y en la noche), una radionovela vespertina y algunos programas especiales como Dialogando, Levantemos nuestro pueblo (Radio Revista), La voz de los niños y Semillas de esperanza. Los sábados se transmite Juventudes, Cultura quechua, Pastoral Juvenil, Fiesta Aymara, y Análisis político coyuntural. Y los domingos, la programación incluye La Santa Misa, Educación alternativa, Fiesta dominical, noticias de las provincias, cantos religiosos y cuestiones de interculturalidad.

Aunque se trata de una institución católica, al servicio de la educación y la evangelización, es claro que en su esfuerzo por rescatar y preservar los valores ancestrales de la cultura aymara –esenciales para acentuar la espiritualidad del “bien vivir”–, Radio San Gabriel también respeta las diferentes confesiones religiosas cristianas y no cristianas.

Los orígenes

Esta doble perspectiva educativa y evangelizadora data de los orígenes. La iniciativa provino del padre Bernardo Ryan, misionero de Maryknoll y párroco de Peñas, en la provincia de La Paz, en su deseo de fundar una estación radial al servicio de la catequesis y la alfabetización del pueblo aymara, a partir de sus contextos rurales y tomando en serio su riqueza cultural. Tras múltiples gestiones legales y no pocos esfuerzos para la adquisición de los primeros equipos radiofónicos de la parroquia, el 15 de marzo de 1955 nace Radio San Gabriel Arcángel con una sencilla infraestructura técnica enlazada a un transmisor de 250 watios que funcionaba con un motor eléctrico.

Posteriormente, en 1959, cuando se popularizan los transistores de batería y de pila, se instala un transmisor de 500 watios y una antena de 100 metros que hacen ampliar el radio de audiencia a todo el departamento de La Paz y a algunas poblaciones peruanas a orillas del Lago Titicaca. Ese mismo año, el padre Diego Pruss, también misionero de Maryknoll, asume la dirección de la Radio.

En 1963, con una infraestructura mejorada y duplicado el potencial de la emisora a 1.000 watios, se obtiene la licencia de funcionamiento que la acredita como “radio educativa de servicio y no comercial”. Entonces el padre Pruss y el locutor Luis Cadena viajan a Colombia con el objetivo de conocer la experiencia de comunicación educacional de Radio Sutatenza.


Vinieron tiempos de re-estructuración y de cualificación de los programas y las instalaciones, a medida que Radio San Gabriel fue creciendo. En 1971, con la creación del Centro Aymarista de Medios de Comunicación Social, fue posible reforzar la acción educativa que se venía desarrollando con regularidad desde 1967, cuando el Centro de Comunicación Católica constituyó las Escuelas Radiofónicas de Bolivia (ERBOL).

Posteriormente, tras 21 años de exitosa misión los padres de Maryknoll deciden entregar la dirección de Radio San Grabriel al arzobispo de La Paz, monseñor Jorge Manrique, quien a su vez solicita a los Hermanos de La Salle que se hagan cargo de la obra.

Con visión y coraje, destacados religiosos educadores como el Hno. José Canut Saurat, primero, y el Hno. Jaime Calderón Manrique, después, así como el Hno. Edgar Antonio Aruquipa y su actual director, el Hno. Felipe Ampuero, han extrapolado el proyecto radial a nuevos campos complementarios como el Sistema de Autoeducación de Adultos a Distancia (SAAD), que funciona desde 1986, y la Radio Televisión San Gabriel, creada en 2013.

En América Latina, pocas radios católicas han llegado a cumplir sus “bodas de diamante”. Diferentes circunstancias y perspectivas sociales y/o eclesiales han limitado, en muchas oportunidades, extraordinarias posibilidades radiofónicas a favor de la misión humanizadora y evangelizadora de la Iglesia. “No sabemos a ciencia cierta cuál es la fórmula para sobrevivir en estos 60 años de vida –comenta el Hno. Ampuero–, tal vez sea la entrega y el compromiso radical con el pueblo aymara de la mayor parte de docentes y comunicadores que laboraron y continúan laborando en esta emisora, también tiene que ver con el empeño de buscar que la obra marche muy bien”. No en vano, Radio San Gabriel ha asumido como lema ser “la voz del pueblo aymara”.

“Suma qamaña”

El viaje apostólico del papa Francisco a Bolivia ha planteado múltiples desafíos a Radio San Gabriel. Su director, el Hno. Felipe Ampuero ha manifestado que es preciso utilizar los medios actuales para construir una sociedad más justa y equitativa, en consonancia con la “suma qamaña”, es decir, con la armonía y el bienestar para el “bien vivir” entre todos. “En este sentido tenemos varios planes en mente en informática, nube digital, televisión, satélite ‘Túpac Katari’, etc., para llegar a los lugares más recónditos de nuestra patria y seguir capacitando y empoderando a nuestra población, de modo que no se pierda la lengua, ni las tradiciones, ni la cultura aymara”, concluye el religioso.




Publicado en: Vida Nueva Colombia No. 130 pp. 20-21
Fotos: Radio San Gabriel

sábado, 19 de septiembre de 2015

Mística & Cultura

Polisemias contemporáneas de la mística


Aunque “mística” sea un vocablo que evoca lo medieval, no deja de ser actual y encierra múltiples acepciones en la vida cotidiana y en la cultura. Hoy parece inevitable una polisemia en la que se evidencia que una persona puede ser reconocida por su talante “místico”, y, simultáneamente, un espacio físico puede ser nominado como “místico”. De igual forma, un momento puede ser “místico”, así como una obra de arte posibilita una experiencia “mística”.

De este modo, hay quienes consideran que algunos líderes espirituales como el papa Francisco, el Dalai Lama, Teresa de Calcuta u Óscar Romero, encarnan un talante eminentemente “místico”. Pero también, quienes han conocido las ruinas de Machu Pichu en Perú, o las impresionantes cataratas de Iguazú en la triple frontera entre Brasil-Paraguay-Argentina, o el inconmensurable bioma Pan-Amazónico con sus ecosistemas, ríos y selvas, o las exóticas Islas Galápagos en Ecuador con sus numerosas especies endémicas; pueden dar testimonio de que estos lugares convocan a la “mística”.

Como experiencia, la “mística” adviene cuando se peregrina a un “lugar santo” como Chiquinquirá, Monserrate o Buga en Colombia, Guadalupe en México, o Lourdes en Francia; o cuando se comparte la fe en comunidad, en una vigilia de oración, por ejemplo; lo mismo que cuando se contempla una puesta de sol, como solía hacerlo El Principito de Saint-Exupéry, o incluso en el silencio y la soledad de un retiro espiritual.

Y sin embargo, los vitrales de una iglesia, los cuadros de Rembrandt, Guayasamín, Van Gogh, Miró o Renoir; la música de los clásicos Beethoven, Mozart, Bach, Schubert, Chopin y de otros, más contemporáneos, como John Lennon, Tom Jobin, Mercedes Sosa…, así como la literatura de Rubem Alves, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, y la arquitectura de Oscar Niemeyer, la escultura de Fernando Botero, y las geometrías de Omar Rayo, por mencionar sólo un puñado de artistas conocidos… también comunican altas dosis de “mística” a través de sus obras artísticas.

Las polisemias de la mística permiten entrever que se trata de un asunto que escapa al dominio exclusivo de la teología, de las ciencias de la religión y de la fenomenología religiosa. En tiempos de complejidad e interdisciplinariedad, la mística es susceptible de múltiples aproximaciones de la cultura y, al mismo tiempo, la mística configura y re-crea la cultura, dotándola de nuevos sentidos y significados. En palabras de D. Cumer, “la cultura informa la mística y la mística informa la cultura”.

Así se percibe en la pintura, la música y la literatura, lo mismo que en la política, la ecología y la antropología, por ejemplo, donde la mística permea la cultura. Son pocos los espacios de la cultura que no registran la incidencia de lo místico. Por su parte, la cultura hace que la mística abandone su estado de abstracción y se concretice en formas y espacios visibles y experienciales. Con todo, mística y cultura no parecen seguir una regla específica ni un patrón exclusivo; tampoco obedecen a una lógica unidireccional. En Occidente, las herencias espirituales y místicas de Jerusalén-Atenas-Roma y aún de los pueblos originarios y ancestrales, informan las múltiples y plurales expresiones que han configurado la cultura hasta nuestros días, impregnándola con sus lenguajes, sus símbolos, sus mitos, sus técnicas, sus ritos, sus valores, sus cosmovisiones, e incluso sus instituciones y jerarquías.

Más mística y menos religión

Paradójicamente, en la medida que asistimos a procesos severos de laicismo y des-cristianización, en los que la institucionalidad religiosa progresivamente cede su lugar a la sociedad civil; sin embargo, se manifiesta una creciente búsqueda frente a lo místico, lo espiritual y lo sagrado. De alguna manera, se podría decir que el mundo secularizado y posmoderno ha optado por la “mística” en lugar de la “religión”.

En este sentido, si se acepta que la laicización de las sociedades modernas ha cooptado la antigua presencia avasalladora de la religión o, mejor, de las instituciones religiosas, cabe la pregunta sobre el auge actual de la mística en contextos culturales, notablemente “prevenidos” ante la cuestión religiosa.

Desde una mirada antropológica, João Batista Libânio y Edgard Hengemüle han planteado, justamente, la emergencia de una “ola espiritualizante” que no representa alguna tradición religiosa en particular, más bien refleja la necesidad de compensación ante las carencia existenciales de los individuos, de modo que “lo sagrado y lo místico pueden llegar a cumplir una función consoladora frente a problemas inmediatos que las personas no consigue resolver”.

Así, se constata que el homo mysticus y el homo culturalis no pueden ser asumidos como dicotomía operante, ni siquiera ante los imperativos de la secularización. Mística y cultura son cualidades esenciales y existenciales, coexisten y se complementan. El desplazamiento de la religión no significa, por tanto, la muerte de la mística ni de las experiencias sagradas y las espiritualidades en las que se fundamenta. Por el contrario, cada vez más se constata que la cultura está atravesada por la mística y, a su vez, la mística es viable a través de diversas formas culturales. Sin embargo, no todo lo que constituye la cultura tiene connotaciones místicas y viceversa. ¿Cómo discernir lo que hay de mística en la cultura?

Belleza, bondad y verdad

Fundamentalmente se podría decir que la mística atrae. Más concretamente, en el campo de la cultura, es posible postular que su capacidad de atracción deviene de una triada de virtudes que ha tenido profunda resonancia en Occidente y que bien podría asumirse como criterio de discernimiento hermenéutico: la belleza, la bondad y la verdad. Un lugar, una obra de arte, una experiencia o una persona podrían ser consideradas bajo el lente de la mística, en la medida que comunican el misterio de belleza, de bondad y de verdad que las inspira.

Si se acude a la expresión de teólogo alemán Johann-Baptist Metz, quien apela por “una mística de ojos abiertos”, la cultura puede ayudar a “abrir los ojos” a la belleza, a la bondad y a la verdad del otro y del Otro, sacando al ser humano de su ensimismamiento para lanzarlo a la alteridad, es decir, invitándolo a recorrer caminos nuevos, colmados y abiertos a nuevos misterios. Tal vez esta pueda ser una clave de lectura para descubrir y discernir la mística desde la perspectiva de la cultura hoy.


Publicado en Vida Nueva Colombia No. 128

viernes, 21 de agosto de 2015

Brasil, una segunda patria para miles de haitianos

La Iglesia lidera acogida de migrantes haitianos en São Paulo


Como si se tratara de un centro de peregrinación haitiano, en el populoso barrio Liberdade, ubicado en el corazón multiétnico y pluricultural de São Paulo, la parroquia de Nuestra Señora de la Paz se erige como lugar de encuentro y referente de asistencia social y acompañamiento pastoral, para cientos de migrantes provenientes de Haití que diariamente llegan a sus puertas en procura de albergue y orientación para subsistir, ante las condiciones precarias y la vulnerabilidad que experimentan a su llegada a Brasil.

La parroquia, que en sus orígenes –hace 75 años– fue un punto de referencia cultural y espiritual para migrantes italianos, hoy acoge a cerca de 170 hombres y mujeres provenientes de Haití, mientras que la Casa del Migrante alberga a unos 110. Ambas obras son animadas por los padres scalabrinianos, –congregación religiosa de origen italiano que tiene por carisma la pastoral de los migrantes– y hacen parte de la acción de la arquidiócesis de São Paulo a favor de la movilidad humana, que en los últimos años ha estado marcada por un significativo éxodo de haitianos que después del terremoto de 2010 llegaron al país en procura de mejores condiciones de vida. Hoy se estima que 60.000 haitianos viven en Brasil, de los cuales 17.000 han legalizado su licencia laboral y constituyen el principal grupo de extranjeros con “cartera de trabajo”.

Si bien es cierto que la mayoría de los haitianos que ingresan a Brasil reciben “visa humanitaria”, por parte del gobierno, muchos, sin embargo, son víctimas de los “coyotes” que se lucran con el tráfico de personas y con falsas promesas de prosperidad laboral. Unos y otros, a su llegada a Brasil no encuentran condiciones favorables para sobrevivir y son víctimas de preconceptos racistas y/o padecen diversos atropellos en sus derechos más elementales. Moise Jean, por ejemplo, tiene 37 años y es padre de cuatro hijos que subsisten con las remesas que envía periódicamente. Cuando la empresa que lo contrató para trabajar como albañil en el estado de Pará no le pagó lo acordado al finalizar el primer mes, decidió regresar a la capital paulista y acudir a la parroquia de Nuestra Señora de la Paz en procura de ayuda para encontrar un nuevo empleo. Mientras tanto, su familia en Haití permanece en vilo.

El padre Paolo Parisi, scalabriniano, señala que “es necesario planear; se ha hecho una buena acción al abrir las puertas, pero no se ha percibido que esto genere significativos pasos ante las nuevas demandas por servicios de acogida, cursos de portugués, mecanismos de integración… Todo esto ha creado una bola de nieve que tomó por sorpresa al gobierno”.

La arquidiócesis de São Paulo, por su parte y con el apoyo de la familia scalabriniana, desde 1977 asumió la solicitud de dom Paulo Evaristo Arns, entonces arzobispo, de “acoger a migrantes suramericanos en búsqueda de mejores condiciones de vida”. A esto se dedica actualmente la Misión Paz (ver recuadro), en su intencionalidad de acoger a los migrantes y refugiados con sus historias, identidades y valorando la interculturalidad.

Con un balance de casi 7.000 personas atendidas durante 2014 por motivos migratorios –entre las cuales se destaca un significativo número de haitianos–, la Misión Paz es un referente nacional de organización y trabajo cualificado, que va más allá del asistencialismo y establece puentes hacia una sociedad más justa, solidaria e incluyente. En este campo, “la acción de la Iglesia prácticamente ha sustituido la del Estado, aunque el gobierno tiene que involucrarse más y cumplir el papel que le corresponde”, concluye el padre Parisi, quien también es el coordinador de Misión Paz.

Misión Paz


La Misión Paz articula la acción pastoral de la arquidiócesis de São Paulo a favor de los migrantes haitianos en cuatro núcleos: (1) la Casa del Migrante, les ofrece un hogar –hospedaje, alimentación y cursos de portugués– mientras legalizan su permanencia en el país y consiguen empleo; (2) el Centro Pastoral y de Mediación de los Migrantes, facilita apoyo profesional a nivel jurídico, educativo, médico y laboral, entre otros, para favorecer su calidad de vida y dignidad humana; (3) el Centro de Estudios Migratorios, funciona como espacio de formación e información para agentes de pastoral y académicos interesados en el mundo de los migrantes, mediante investigaciones, acervos documentales y publicaciones periódicas, como la revista Travessia; y (4) las Parroquias donde se privilegia la pastoral del migrante, como es el caso de Nuestra Señora de la Paz.


@OscarElizaldeP
Publicado en Vida Nueva España No. 2.951
Fotos: http://news.va, http://fotografia.folha.uol.com.br, http://noticias.terra.com.br, http://www.conectas.org

jueves, 9 de julio de 2015

A propósito de "Laura, una vida extraordinaria"

La devoción de Caracol por santa Laura Montoya



El anuncio del estreno de la serie Laura, una vida extraordinaria, la nueva producción del canal Caracol, referida a la vida y obra de santa Laura Montoya, al tiempo que genera múltiples expectativas entre quienes admiran las virtudes de la primera santa colombiana, que desafió las costumbres misioneras y educativas de su tiempo y consolidó su “llamado divino” fundando una congregación religiosa dedicada a la evangelización y a la dignificación humana de las poblaciones indígenas y afro del país –las Misioneras de la Madre Laura, más conocidas como “Lauritas”, se sitúa, sin embargo, en medio de un turbulento mar de controversias jurídicas.

La serie, protagonizada por Julieth Restrepo y Linda Lucía Callejas, quienes interpretan a santa Laura en su juventud y en su adultez, respectivamente, no solo ha convocado a un destacado elenco de actores –Julio Sánchez Cóccaro, Marcela Carvajal, Alberto León Jaramillo, Lorena García, Linda Lucía Callejas, Mabel Moreno, Ana Harlen, Juliana Velásquez Buitrago, Jessica Barragán Zappala, entre otros–. También ha contado con una significativa inversión, puesto que ha sido grabada totalmente en exteriores –principalmente en el departamento de Antioquia– y su producción como óptica de cine con cámaras f55 ha incluido un particular trabajo de arte para recrear las décadas de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Muchos detalles han sido tenidos en cuenta por el canal privado, en su ímpetu por “contar la vida de una mujer que desafió las reglas de la sociedad de su época, al dedicarse a luchar por los menos favorecidos y renunciar a ser esposa y madre, ante la crítica de una sociedad que consideraba que cualquier otra opción para una mujer era una locura”. No así, desde el punto de vista de los derechos de autor.

¿Pecado de omisión?

La productora Centauro, dirigida por Gustavo Nieto Roa, quien también es presidente y fundador de la Entidad de Gestión Colectiva de los Derechos de los Productores Audiovisuales de Colombia (EGEDA), ha asegurado que hace algunos años llegó a un acuerdo con las hermanas Lauritas para que le cedieran los derechos audiovisuales sobre la vida y obra de santa Laura. Según Nieto Roa, “el acuerdo fue por participación, ellas recibirán un porcentaje sobre los ingresos obtenidos por las obras que se desarrollen en torno a la santa”. El contrato firmado entre Centauros y las Lauritas incluye el uso de los escritos de la madre Laura y la posibilidad de que algunas hermanas de la comunidad sean entrevistadas para favorecer la fidelidad de la obra cinematográfica con los hechos reales.

Centauro ha previsto la producción de un filme que sería rodado en Colombia, con una inversión superior a los 50 millones de dólares, cuyo guión ya ha sido aprobado por las Lauritas y actualmente está siendo traducido al inglés, con el propósito de que el personaje protagónico pueda ser asumido por la reconocida actriz Meryl Streep: “los representantes de la actriz lo están esperando para decidir si nos acompañará en el proyecto para arrancar con la preproducción”, asegura el representante legal de Centauro.

Evidentemente, la serie del canal Caracol ha generado controversias frente a los derechos de autor. Al respecto, Gonzalo Córdoba, presidente del Canal, ha manifestado que la madre Laura es un personaje público y que no es propiedad exclusiva de Centauro: “quiero dejar claro que lo que se está realizando en el Canal es una versión libre y ficticia, ya que no se habló con las Hermanas Lauritas”. En este mismo sentido, ha manifestado que la serie de Caracol está basada en textos periodísticos que fueron de conocimiento público: “la serie será recreada desde la investigación de sucesos que se conocieron socialmente, y en relación con los documentos públicos, nadie puede alegar derechos de autor”.

Por su parte, más allá de cualquier interés económico, la Hna. Ayda Orobio Granja, superiora general de las Lauritas, ha manifestado su preocupación por la veracidad de la información que se proyectará en la serie:  buscamos el diálogo con ellos, pero no se logró y nos da temor que saquen tergiversada su vida y su compromiso con los pueblos indígenas y negros, así como han hecho con la vida de varios deportistas y con la  Ronca de Oro; nuestra  solicitud y exigencia es  que nos permitan conocer el guión para tener el derecho de suspender las escenas  que  no  estén de  acuerdo  con la realidad”.

La controversia continúa. Mientras tanto, queda la duda sobre hasta dónde podrá llegar la devoción de Caracol por santa Laura Montoya.

Publicado en Vida Nueva Colombia No. 126 
Fotos: rpp.com.pe; entretengo.com