viernes, 21 de agosto de 2015

Brasil, una segunda patria para miles de haitianos

La Iglesia lidera acogida de migrantes haitianos en São Paulo


Como si se tratara de un centro de peregrinación haitiano, en el populoso barrio Liberdade, ubicado en el corazón multiétnico y pluricultural de São Paulo, la parroquia de Nuestra Señora de la Paz se erige como lugar de encuentro y referente de asistencia social y acompañamiento pastoral, para cientos de migrantes provenientes de Haití que diariamente llegan a sus puertas en procura de albergue y orientación para subsistir, ante las condiciones precarias y la vulnerabilidad que experimentan a su llegada a Brasil.

La parroquia, que en sus orígenes –hace 75 años– fue un punto de referencia cultural y espiritual para migrantes italianos, hoy acoge a cerca de 170 hombres y mujeres provenientes de Haití, mientras que la Casa del Migrante alberga a unos 110. Ambas obras son animadas por los padres scalabrinianos, –congregación religiosa de origen italiano que tiene por carisma la pastoral de los migrantes– y hacen parte de la acción de la arquidiócesis de São Paulo a favor de la movilidad humana, que en los últimos años ha estado marcada por un significativo éxodo de haitianos que después del terremoto de 2010 llegaron al país en procura de mejores condiciones de vida. Hoy se estima que 60.000 haitianos viven en Brasil, de los cuales 17.000 han legalizado su licencia laboral y constituyen el principal grupo de extranjeros con “cartera de trabajo”.

Si bien es cierto que la mayoría de los haitianos que ingresan a Brasil reciben “visa humanitaria”, por parte del gobierno, muchos, sin embargo, son víctimas de los “coyotes” que se lucran con el tráfico de personas y con falsas promesas de prosperidad laboral. Unos y otros, a su llegada a Brasil no encuentran condiciones favorables para sobrevivir y son víctimas de preconceptos racistas y/o padecen diversos atropellos en sus derechos más elementales. Moise Jean, por ejemplo, tiene 37 años y es padre de cuatro hijos que subsisten con las remesas que envía periódicamente. Cuando la empresa que lo contrató para trabajar como albañil en el estado de Pará no le pagó lo acordado al finalizar el primer mes, decidió regresar a la capital paulista y acudir a la parroquia de Nuestra Señora de la Paz en procura de ayuda para encontrar un nuevo empleo. Mientras tanto, su familia en Haití permanece en vilo.

El padre Paolo Parisi, scalabriniano, señala que “es necesario planear; se ha hecho una buena acción al abrir las puertas, pero no se ha percibido que esto genere significativos pasos ante las nuevas demandas por servicios de acogida, cursos de portugués, mecanismos de integración… Todo esto ha creado una bola de nieve que tomó por sorpresa al gobierno”.

La arquidiócesis de São Paulo, por su parte y con el apoyo de la familia scalabriniana, desde 1977 asumió la solicitud de dom Paulo Evaristo Arns, entonces arzobispo, de “acoger a migrantes suramericanos en búsqueda de mejores condiciones de vida”. A esto se dedica actualmente la Misión Paz (ver recuadro), en su intencionalidad de acoger a los migrantes y refugiados con sus historias, identidades y valorando la interculturalidad.

Con un balance de casi 7.000 personas atendidas durante 2014 por motivos migratorios –entre las cuales se destaca un significativo número de haitianos–, la Misión Paz es un referente nacional de organización y trabajo cualificado, que va más allá del asistencialismo y establece puentes hacia una sociedad más justa, solidaria e incluyente. En este campo, “la acción de la Iglesia prácticamente ha sustituido la del Estado, aunque el gobierno tiene que involucrarse más y cumplir el papel que le corresponde”, concluye el padre Parisi, quien también es el coordinador de Misión Paz.

Misión Paz


La Misión Paz articula la acción pastoral de la arquidiócesis de São Paulo a favor de los migrantes haitianos en cuatro núcleos: (1) la Casa del Migrante, les ofrece un hogar –hospedaje, alimentación y cursos de portugués– mientras legalizan su permanencia en el país y consiguen empleo; (2) el Centro Pastoral y de Mediación de los Migrantes, facilita apoyo profesional a nivel jurídico, educativo, médico y laboral, entre otros, para favorecer su calidad de vida y dignidad humana; (3) el Centro de Estudios Migratorios, funciona como espacio de formación e información para agentes de pastoral y académicos interesados en el mundo de los migrantes, mediante investigaciones, acervos documentales y publicaciones periódicas, como la revista Travessia; y (4) las Parroquias donde se privilegia la pastoral del migrante, como es el caso de Nuestra Señora de la Paz.


@OscarElizaldeP
Publicado en Vida Nueva España No. 2.951
Fotos: http://news.va, http://fotografia.folha.uol.com.br, http://noticias.terra.com.br, http://www.conectas.org

jueves, 9 de julio de 2015

A propósito de "Laura, una vida extraordinaria"

La devoción de Caracol por santa Laura Montoya



El anuncio del estreno de la serie Laura, una vida extraordinaria, la nueva producción del canal Caracol, referida a la vida y obra de santa Laura Montoya, al tiempo que genera múltiples expectativas entre quienes admiran las virtudes de la primera santa colombiana, que desafió las costumbres misioneras y educativas de su tiempo y consolidó su “llamado divino” fundando una congregación religiosa dedicada a la evangelización y a la dignificación humana de las poblaciones indígenas y afro del país –las Misioneras de la Madre Laura, más conocidas como “Lauritas”, se sitúa, sin embargo, en medio de un turbulento mar de controversias jurídicas.

La serie, protagonizada por Julieth Restrepo y Linda Lucía Callejas, quienes interpretan a santa Laura en su juventud y en su adultez, respectivamente, no solo ha convocado a un destacado elenco de actores –Julio Sánchez Cóccaro, Marcela Carvajal, Alberto León Jaramillo, Lorena García, Linda Lucía Callejas, Mabel Moreno, Ana Harlen, Juliana Velásquez Buitrago, Jessica Barragán Zappala, entre otros–. También ha contado con una significativa inversión, puesto que ha sido grabada totalmente en exteriores –principalmente en el departamento de Antioquia– y su producción como óptica de cine con cámaras f55 ha incluido un particular trabajo de arte para recrear las décadas de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Muchos detalles han sido tenidos en cuenta por el canal privado, en su ímpetu por “contar la vida de una mujer que desafió las reglas de la sociedad de su época, al dedicarse a luchar por los menos favorecidos y renunciar a ser esposa y madre, ante la crítica de una sociedad que consideraba que cualquier otra opción para una mujer era una locura”. No así, desde el punto de vista de los derechos de autor.

¿Pecado de omisión?

La productora Centauro, dirigida por Gustavo Nieto Roa, quien también es presidente y fundador de la Entidad de Gestión Colectiva de los Derechos de los Productores Audiovisuales de Colombia (EGEDA), ha asegurado que hace algunos años llegó a un acuerdo con las hermanas Lauritas para que le cedieran los derechos audiovisuales sobre la vida y obra de santa Laura. Según Nieto Roa, “el acuerdo fue por participación, ellas recibirán un porcentaje sobre los ingresos obtenidos por las obras que se desarrollen en torno a la santa”. El contrato firmado entre Centauros y las Lauritas incluye el uso de los escritos de la madre Laura y la posibilidad de que algunas hermanas de la comunidad sean entrevistadas para favorecer la fidelidad de la obra cinematográfica con los hechos reales.

Centauro ha previsto la producción de un filme que sería rodado en Colombia, con una inversión superior a los 50 millones de dólares, cuyo guión ya ha sido aprobado por las Lauritas y actualmente está siendo traducido al inglés, con el propósito de que el personaje protagónico pueda ser asumido por la reconocida actriz Meryl Streep: “los representantes de la actriz lo están esperando para decidir si nos acompañará en el proyecto para arrancar con la preproducción”, asegura el representante legal de Centauro.

Evidentemente, la serie del canal Caracol ha generado controversias frente a los derechos de autor. Al respecto, Gonzalo Córdoba, presidente del Canal, ha manifestado que la madre Laura es un personaje público y que no es propiedad exclusiva de Centauro: “quiero dejar claro que lo que se está realizando en el Canal es una versión libre y ficticia, ya que no se habló con las Hermanas Lauritas”. En este mismo sentido, ha manifestado que la serie de Caracol está basada en textos periodísticos que fueron de conocimiento público: “la serie será recreada desde la investigación de sucesos que se conocieron socialmente, y en relación con los documentos públicos, nadie puede alegar derechos de autor”.

Por su parte, más allá de cualquier interés económico, la Hna. Ayda Orobio Granja, superiora general de las Lauritas, ha manifestado su preocupación por la veracidad de la información que se proyectará en la serie:  buscamos el diálogo con ellos, pero no se logró y nos da temor que saquen tergiversada su vida y su compromiso con los pueblos indígenas y negros, así como han hecho con la vida de varios deportistas y con la  Ronca de Oro; nuestra  solicitud y exigencia es  que nos permitan conocer el guión para tener el derecho de suspender las escenas  que  no  estén de  acuerdo  con la realidad”.

La controversia continúa. Mientras tanto, queda la duda sobre hasta dónde podrá llegar la devoción de Caracol por santa Laura Montoya.

Publicado en Vida Nueva Colombia No. 126 
Fotos: rpp.com.pe; entretengo.com


viernes, 29 de mayo de 2015

Iglesias hermanas en el hemisferio sur

Solidaridad misionera entre el sur de Brasil y Mozambique


“Cuando me encontraba en tierra africana siempre me cuestioné qué es evangelizar. En estos años de misión viví la fuerte experiencia de evangelizar con gratuidad, con medios pobres y con pocas palabras. Estar ahí, visitar, oír, compartir y celebrar la Eucaristía con un pueblo que permanece más de un año sin misa, todo esto constituye, propiamente, el contenido de la evangelización con el pueblo Mackua”. Con estas palabras el sacerdote brasilero Maurício Jardim, párroco de San Vicente Padre de los Pobres, en la arquidiócesis de Porto Alegre, evoca su experiencia misionera de tres años y medio en Nampula, al norte de Mozambique.

Como el padre Jardim, más de 50 misioneros, entre sacerdotes, religiosas/os y laicas/os, han hecho parte del proyecto “Iglesias Solidarias”, que desde hace 21 años ha favorecido la presencia misionera de la Iglesia del sur de Brasil en una región de Mozambique, en el continente africano, que también se encuentra ubicada en el hemisferio sur del planeta.

Un pueblo abandonado

Monseñor Jaime Pedro Kohl, obispo de Osório y responsable de la dimensión misionera del Regional Sur 3 de la Conferencia Nacional de Obispo de Brasil (CNBB) comenta que “a inicio de los años 90 monseñor Francisco Silota, un obispo mozambiqueño, visitó la región de Rio Grande do Sul. En esa época solicitó que la Iglesia de Brasil enviara misioneros a Mozambique, a fin de apoyar a su pueblo que se sentía abandonado.  Sensibilizados, los obispos del Regional Sur 3 entendieron que debían hacer algo ante el ‘llamado de Dios’ que provenía de África y fue así como en julio de 1994 fue enviado el primer grupo de seis misioneros”.

Con 22 millones de habitantes, aproximadamente, el territorio de Mozambique (800.000 km2) se encuentra dividido en diez provincias, además de Maputo, la capital. Aunque el portugués es la lengua oficial –y la más hablada en el país–, también se hablan diversas lenguas nativas. Su historia reciente ha estado marcada por las guerras que le dieron la independencia de Portugal en 1975 y por una prolongada guerra civil que concluyó en 1992. El pueblo de Mozambique posee una elevada tasa de analfabetismo de 40%, una expectativa de vida de 42 años, 17% de la población tiene VIH-SIDA y, en general, las condiciones de pobreza solo les permite una ración alimenticia diaria.

En la provincia de Nampula –donde se encuentran los misioneros que participan en el proyecto “Iglesias Solidarias”– se habla el Makwa y predomina la organización tribal. Cada tribu tiene un rey a quien se le otorga un papel social y religioso de carácter vitalicio. El rey aconseja y acompaña los problemas sociales, tiene un rol determinante en la distribución de la tierra y preside el culto religioso. La práctica de la poligamia, derivada de la tradición musulmana, permite que los hombres puedan casarse con varias mujeres, aunque la primera sea considerada la más importante. Asimismo, la mujer es quien garantiza la continuidad de la tribu. Con relación a la religión, antes de ser cristianos o musulmanes, cada pueblo tiene su religión tradicional que se fundamenta en el culto a los antepasados.

En este contexto los misioneros “encarnan” su labor evangelizadora, para la cual se preparan, antes de viajar, a través de un curso de un mes promovido por el Centro Misionero de Brasil para los candidatos a la misión Ad Gentes. Aunque el curso proporciona herramientas muy útiles para la acción pastoral, Jardim considera que “la paciencia ayuda a entrar en la cultura del otro. En mi caso, aunque me encontraba a 12.000 km de mi país, al inicio pensaba, sentía y reaccionaba como brasilero del sur de Brasil. Con el tiempo, los misioneros y los líderes locales me ayudaron a entender y vivir la dinámica de aquella Iglesia pobre y, simultáneamente, rica en ministerios”.

En Nampula, los misioneros brasileros acompañan dos parroquias compuestas por 146 comunidades ministeriales (ver recuadro abajo). Además de esto, el proyecto misionero atiende diferentes campos sociales en el área de la salud, la educación, los derechos humanos, la promoción de la mujer –respetando las particularidades de la cultura local–, y el fortalecimiento de la comunión y la fraternidad, valores que son propios del espíritu del cristianismo.

Villa de Moma

En la villa de Moma, por ejemplo, la presencia solidaria de la Iglesia brasilera ha posibilitado el desarrollo de algunos proyectos con un positivo impacto en las condiciones de vida de la población. La Biblioteca Watana es un espacio de acogida y de estudio para los niños y los jóvenes de la villa, dispuesto con materiales bibliográficos y ambientes para la realización de actividades de refuerzo escolar. La fotocopiadora Ophavela Owária también beneficia a la comunidad escolar, mediante servicios de fotocopiado y digitalización a precios accesibles y con alto nivel de calidad.

De igual forma, el proyecto de Medicina Natural es una iniciativa que apoya el trabajo del hospital de la villa, colaborando en el tratamiento de algunas enfermedades sencillas a través de medicamentos naturales, como jarabes y pomadas para la piel, la columna y el estreñimiento. El programa de acompañamiento nutricional Ana Akumi combate la malnutrición y la anemia de los niños, favoreciendo su crecimiento saludable a través de un compuesto alimenticio denominado Multimistura, cuyas propiedades nutritivas y medicinales se derivan de la Moringa, una planta que abunda en la región. Más recientemente, con la participación de la población y bajo la orientación de los misioneros, se han construido más de 60 pozos en comunidades que carecen de agua potable.

Ante las dimensiones del proyecto “Iglesias solidarias”, el padre Atílyo Zatycko, de 55 años, antes de partir hacia Mozambique para reforzar el equipo misionero, en febrero de 2015, expresó su deseo de ponerse en actitud discipular, abierto a aprender y a colaborar en todas las dimensiones que hacen parte de la misión: “mi referente es Jesús, por él me siento llamado y enviado a la misión, mi único deseo es servir, sin embargo, con humildad y sencillez reconozco que es mucho más lo que podré recibir que lo que podré ofrecer”.

La vida del misionero en Nampula es muy dinámica. A su llegada toma algún tiempo adaptarse a las costumbres, a los ritmos y al aprendizaje de la lengua nativa de la cultura Mackua. La mayor parte del tiempo comparte con las comunidades. Entre semana se dedica a la formación para los ministerios y al acompañamiento de los trabajos sociales. El fin de semana se desplaza a alguna comunidad para acompañarla y celebrar los sacramentos. Además de esto, se realizan las actividades del día a día: cocinar, limpiar la casa, lavar la ropa…

“Dando lo mejor de nosotros, desde nuestra pobreza, todos ganamos”, apunta el padre Jardim y explica que “nuestra Iglesia de Brasil se ha vuelto más misionera. La Iglesia de Mozambique también nos enseña mucho y recibe nuestro apoyo, sobre todo en el servicio de la animación vocacional”. En la villa de Moma, donde se encuentra la sede del proyecto, existe un “hogar vocacional” que acoge a más de quince jóvenes que se preparan para entrar al seminario de la diócesis de Nampula.

Con el tiempo, y en la medida que vayan surgiendo vocaciones locales, es posible que “Iglesias Solidarias” apoye otras iglesias locales. Por lo pronto, los feligreses de las 18 diócesis del Regional Sur 3 de Brasil se preparan para participar en la colecta anual que se realiza el día de Pentecostés para sostener esta importante acción misionera que comunica al sur de América Latina con el sur de África.


Iglesia ministerial

La “Iglesia ministerial” es una opción de la Conferencia Episcopal de Mozambique que corresponde también con la escasez de sacerdotes para atender a tantas comunidades geográficamente distantes. De ahí que los laicos sean quienes asuman varios servicios o ministerios eclesiales como la catequesis, la liturgia, la salud, la educación, la ayuda fraterna, las vocaciones, los jóvenes, la familia, la justicia y la paz, y el apoyo a las mujeres. Normalmente quien preside la comunidad y anima el ministerio de la Palabra es un anciano. Los misioneros, por su parte, colaboran en la formación para los ministerios laicales y acompañan la celebración de los sacramentos en las comunidades.


Publicado en: Vida Nueva Colombia No. 122
Fotos: Maurício Jardim 

viernes, 1 de mayo de 2015

Una tierra sin males

ECOLOGÍA EN DIÁLOGO CON LOS PUEBLOS ORIGINARIOS


Por los días en que se promulgó la creación de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) en Brasilia, a mediados del mes de septiembre del año pasado, lo que sin duda alguna constituyó un hito en las iniciativas inter-institucionales de la Iglesia latinoamericana en materia ecológica, y a favor de la justicia y de la defensa de la creación en el bioma panamazónico; también en Brasil, en Rio de Janeiro, científicos y académicos de diferentes regiones del mundo debatían sobre la progresiva y cada vez más acelerada degradación de la vida, como consecuencia del cambio climático.

El coloquio, concebido bajo el sugestivo título de Los mil nombres de Gaia, del Antropoceno a la Edad de la Tierra, fue convocado por el filósofo, sociólogo y antropólogo francés Bruno Latour, por el antropólogo y etnólogo brasilero Eduardo Viveiros de Castro y por la filósofa brasilera Déborah Danowsky.

El antropoceno

El antropoceno fue, justamente, uno de los conceptos discutidos por los pensadores, refiriéndose al momento en el que el ser humano deja de ser agente biológico, para convertirse en una fuerza geológica con capacidad de alterar el ecosistema, comprometiendo su propia supervivencia y la de los demás seres vivos.

Posteriormente, en entrevista con Eliane Brum para El País, Danowsky expuso que “los indígenas y los pequeños agricultores, están percibiendo en el contacto con las plantas, con los animales, que algo está pasando. Tienen una percepción mucho más aguda que nosotros”. Viveiros de Castro profundizó en el asunto explicando que “en el calendario agrícola de una tribu indígena sabes que es la hora de plantar porque hay varias señales de la naturaleza. Por ejemplo, el río llegó hasta tal nivel, el pajarito tal comenzó a cantar, el árbol tal comenzó a dar flor. Y la hormiga tal comenzó a hacer no-sé-qué. Ahora esas señales están desincronizadas (sic). El río está llegando a un nivel antes de que el pajarito comience a cantar. El pajarito está cantando mucho antes de que aquel árbol dé flor. Es como si la naturaleza se hubiese salido del eje. Y eso lo dicen todos”.

El científico brasilero también pontificó con severidad que “las especies se están extinguiendo y la humanidad parece que continúa andando hacia el abismo (…). Mientras los sujetos tengan cuerpo de carne y hueso, nadie está realmente libre, por más rico que sea, de lo que va a suceder. Pero es evidente que quienes primero van a zozobrar serán los pobres, los perjudicados de la Tierra, los condenados de la Tierra”, entre los cuales se encuentran los Pueblos Originarios, los campesinos y las poblaciones ribereñas.

Algunos teólogos latinoamericanos, como Leonardo Boff, no han sido ajenos a los debates en torno al antropoceno: “la presente crisis desnuda la engañosa comprensión dominante de la historia, de la naturaleza y de la Tierra. Ella colocaba al ser humano por fuera y por encima de la naturaleza, con la excepcional misión de dominarla. Perdimos la noción de los Pueblos Originarios de que pertenecemos a la naturaleza”. Boff, quien ha escrito varios libros sobre la cuestión ecológica en perspectiva teológica, propone implícitamente algunas pistas para una nueva hermenéutica del relato creacionista del libro del Génesis, cuando plantea que “hoy somos parte del sistema solar, de nuestra galaxia que, a la vez, es parte del Universo (…). Nosotros, como humanos, representamos la parte consciente e inteligente de la Vía Láctea y de la propia Tierra, con la misión, no de dominarla, sino de cuidar de ella para mantener las condiciones ecológicas que nos permitan llevar adelante nuestra vida y la de la civilización”.

De diversas formas, la crisis ecológica actual ha puesto en evidencia la necesidad de repensar las formas tradicionales de concebir y vivir la religión en términos de “re-ligación” entre el ser humano y el Misterio último. Así lo afirma el teólogo boliviano Roberto Tomichá: “vivimos un tiempo más de ruptura que de continuidad, donde los principios epistemológicos tradicionales del mismo conocer (paradigmas) no responden más a la realidad del hombre y la mujer de hoy. En ese contexto emerge un nuevo modo de pensar, sentir, valorar, conocer, funcionar… que pone en crisis un cierto cristianismo e inspira la gestión de nuevas auto-comprensiones, auto-conciencias y vivencias”. Los Pueblos Originarios, con sus sabidurías ancestrales y sus epistemologías del “Buen Vivir” (Sumak Kawsay), también son sensibles al actual “giro antropológico” o “nuevo tiempo axial”, como algunos han denominado. Desde su inédita –y poco conocida– experiencia de la Revelación de Dios, permeada de ritos, mitos y símbolos, ofrecen importantes alternativas ante la amenaza del antropoceno.

Redescubrir sentidos

En América Latina la Teología India ha liderado, en el transcurso de los últimos años, significativos procesos de diálogo con los Pueblos Originarios, a partir del reconocimiento de sus lenguajes, más simbólicos que conceptuales y desde sus propias comprensiones del cosmos, que confluyen en auténticos horizontes de sentido frente a la dignidad de la persona humana, la vida en comunidad, el servicio a los demás, la economía sustentable, las celebraciones que marcan los ciclos de la vida, las tensiones entre el bien y el mal, los vínculos con la divinidad y, en últimas, el sueño de “una tierra para todos, sin males, y de una vida plena”.

Evidentemente, estas dialécticas representan un significativo aporte para la reflexión ecoteológica de la Iglesia latinoamericana, aunque muchas veces se ha querido reducir la Teología India a una sabiduría indígena –sin “estatus” teológico–, máxime cuando se abordan algunos tratados fundamentales como la Revelación. Sin embargo, según el teólogo brasilero Paulo Suess, “el concepto de revelación no es propiedad de ninguna denominación religiosa, sino que todas las denominaciones pueden definir ese concepto según su historia, su contexto y sus discernimientos”.

Más aún, el aporte de los Pueblos Originarios a la reflexión ecoteológica se deriva de su propia riqueza cultural, como lo ha propuesto el papa Francisco en su programática Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “el mensaje revelado no se identifica con ninguna cultura y tiene un contenido transcultural (…). El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador (…). Una sola cultura no agota el misterio de la redención de Cristo” (EG, nn. 117 y 118).

Cuidar, no dominar

Por otra parte, desde el punto de vista pastoral, el paradigma del cuidado y la defensa de la creación se opone a las lógicas de dominación y explotación de los recursos naturales y de las poblaciones ancestrales, en sintonía con las denuncias que hicieron los obispos latinoamericanos en Aparecida: “en las decisiones sobre las riquezas de la biodiversidad y de la naturaleza, las poblaciones tradicionales han sido prácticamente excluidas. La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida. La tierra fue depredada. Las aguas están siendo tratadas como si fueran una mercancía negociable por las empresas, además de haber sido transformadas en un bien disputado por las grandes potencias. Un ejemplo muy importante de esta situación es la Amazonía” (DA, n. 84).

El mismo papa Francisco, desde el comienzo de su pontificado, ha preconizado el mandato pastoral de la custodia de la creación: “nuestras vocación es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos exige en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos” (19.03.2013).

En vísperas de la publicación de la primera Encíclica ecológica de la era Bergoglio, el aporte de los Pueblos Originarios a una nueva cultura ecológica del cuidado y de la defensa de la creación, desde sus cosmologías y teologías, podría representar un paso importante en la consolidación de acciones pastorales inculturadas que se opongan al “síndrome del antropoceno”.



@OscarElizaldeP

Publicado en: Vida Nueva Colombia No. 121
Fotos: http://patriagrande.org.ar; http://redvalparaiso.com; http://www.ihu.unisinos.br; http://jpicfranciscanas.blogspot.com