viernes, 23 de septiembre de 2016

Teología Latinoamericana en alza

 “Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres”, la nueva publicación de Amerindia


El II Congreso Continental de Teología organizado por Amerindia en Belo Horizonte (Brasil), del 26 al 30 de octubre de 2015, convocó a teólogos/as y militantes cristianos del continente para discernir, desde la Palabra de Dios, la presencia del Espíritu Santo en el seno de nuestras experiencias de solidaridad con los excluidos/as. Ella es raíz de una nueva manera de ser comunidad cristiana y del necesario proceso de reforma eclesial que nos sentimos desafiados a asumir.

Este volumen da cuenta de las ponencias y de las reflexiones que tuvieron lugar durante el Congreso, como aporte para una “Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres”.

Francisco nos invita a “entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma” (EG 30) que apunte a desentrañar, anunciar y secundar la presencia liberadora del Reino de Dios en el seno de la historia, antes que a la pura autopreservación institucional. Un proceso de reforma eclesial que, lejos de todo narcisismo, promueva la participación en la acuciante gestación de un paradigma civilizatorio alternativo en el que no afirmemos lo propio por destrucción de lo diferente, vivamos la alteridad como mediación de la propia identidad y cuidemos de nuestra casa común.

El libro, editado por la Fundación Amerindia, se encuentra dividido en cuatro partes, precedidas de la presentación y las “Reflexiones iniciales”: (1) Interpelaciones del Espíritu; (2) Pneumatología desde América Latina y El Caribe; (3) Caminos a recorrer en los procesos de reforma; y (4) Subsidios para caminar. De igual forma, a modo conclusión, se proponen algunas “Reflexiones finales”.

En sus 470 páginas, esta nueva publicación de Amerindia recoge los sugestivos aportes de más de 25 teólogas y teólogos de distintas latitudes de América Latina y El Caribe, como se puede apreciar en el sumario que se comparte a continuación:         


PRESENTACIÓN

¿Por qué un II Congreso Continental de Teología. Socorro Martínez Maqueo y Pablo Bonavía

REFLEXIONES INICIALES

¿Y ahora, José? Dom Luiz Demétrio Valentini
  
I.               INTERPELACIONES DEL ESPÍRITU

El factor religioso en el contexto de la conflictividad global y el futuro de la vida. Leonardo Boff

Procesos culturales, políticos, económicos y ecológicos continentales en el contexto de un modelo civilizatorio mundial. Juan Luis Hernández

Coyuntura y relevancia eclesial global y del continente: desafíos y oportunidades. Cecilia Tovar Samanez

Experiencias del Espíritu en algunos sujetos significativos de América Latina. Etel Nina Cáceres

Elementos para una teología intercultural. Vicenta Mamani Bernabé

El Espíritu y la autoridad de los mártires. Juan Hernández Pico
  
II.             PNEUMATOLOGÍA DESDE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

El ventarrón divino en los remolinos de la liberación. Marcelo Barros

La experiencia del Espírito en Israel. Carlos Mesters

La experiencia del Espíritu Santo en la vida de Jesús y de los apóstoles. Solange Maria do Carmo

La presencia del Espíritu en los escritos de san Pablo. Eduardo de la Serna

Líneas centrales de una pneumatología de América Latina y el Caribe. Víctor Codina

El Espíritu y la autoridad de los pobres. Gustavo Gutiérrez

III.           CAMINOS A RECORRER EN LOS PROCESOS DE REFORMA

El Pacto de las Catacumbas: un compromiso para hoy. José Oscar Beozzo

Hacia una reforma eclesial a partir de la acción del Espíritu en el corazón de todos los pueblos. Carlos Schickendantz

Luces para la reforma de la Iglesia en un mundo conflictivo, pluralista y desigual. Mons. Álvaro Ramazzini

Indicios para una reforma de la Iglesia en clave inclusiva: anhelos de igualdad y aportes eclesiológicos que buscan florecer. Virginia Raquel Azcuy

La urgencia de lo esencial. Pedro Trigo

Frutos que el Espíritu nos ofrece hoy. Isabel Corpas de Posada, Juan Luis Hernández y Juan Hernández Pico

IV.          SUBSIDIOS PARA CAMINAR

Mensaje Final del II Congreso Continental de Teología

Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres. Emerson Sbardelotti

João Batista Libanio. Memoria fraterna de un compañero de Jesús. Jaldemir Vitório

Testigos de Amerindia. Rosario Hermano y María Elena Bicera

La fuerza transformadora de lo pequeño y de los pequeños. Deysi Moreno García y Óscar Elizalde Prada

REFLEXIONES FINALES

Tejer la vida desde Dios y desde abajo. Socorro Martínez Maqueo



Precio: US$ 20 + envío

Formas de pago: PayPal y efectivo



sábado, 17 de septiembre de 2016

A propósito de la serie "La Niña"

Sí hay vida después de la guerra

Acaba de concluir la serie La Niña. La última frase del capítulo final fue contundentemente esperanzadora: "Sí hay vida después de la guerra". Las narrativas, la realización, la dirección y las interpretaciones -excelentes todas- interpelan a un país que se debate entre el "Sí" y el "No" ante los acuerdos de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano. Comparto la reseña que fue publicada en su momento en Vida Nueva (edición No. 147, p. 45), cuando la serie apenas iniciaba.



En sus reportajes sobre Las mujeres en la guerra (Planeta, 2000), Patricia Lara constató que arrebatar la infancia es uno de los peores daños que ha producido el conflicto armado colombiano. “Al observar a estas mujeres, las veo armadas pero con una mirada de niñas”, señaló la periodista. Entonces, aún no se vislumbraba cuál podría ser el camino hacia una paz duradera.

Quince años después, mientras se desarrollan los diálogos de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, la infancia que la guerra ha robado vilmente a los niños y a las niñas de este país sigue siendo un asunto prioritario y constituye también el telón de fondo de La niña, la serie que Caracol Televisión lanzó a finales de abril de 2016, protagonizada por Ana María Estupiñán, con un elenco de amplia trayectoria, que incluye a Sebastián Eslava, Cony Camelo, Marcela Benjumea, Diego Vásquez, Adriana Eslava, Melissa Cáceres, Variel Sánchez, Laura Perico, Laura Archbold, Fabián Mendoza, Santiago Alarcón, Brenda Hanst, Cristina Campuzano, Juan Manuel Mendoza, Victoria Ortíz, Sofía García y Marcelo Dos Santos, entre otros.

La narrativa, basada en una historia real, gira en torno a Belky (alias ‘Sara’), reclutada por la guerrilla desde los ocho años y capturada por la policía siete años después, quien atraviesa auténticas odiseas en su proceso de reincorporación social, a través del programa de reintegración para desmovilizados. Sin embargo, como advierte Juana Uribe, vicepresidenta de Caracol y libretista de la serie, se trata de “una historia de éxito, un ejemplo de vida de una niña que fue capaz de levantarse después de haber vivido cosas durísimas”. Así, aunque se recurra a algunas escenas para reconstruir la dramática infancia de ‘la niña’, la mayor parte del relato se sitúa en las complejas encrucijadas de una joven que decide superar su pasado de milicias, violencias y balas, para recuperar su propia vida y “regresar a una sociedad un tanto indiferente e indolente”, en palabras de la libretista.

Producida por CMO, y grabada en Bogotá, al igual que en algunos municipios de los departamentos Cundinamarca y Meta, bajo la dirección de Rodrigo Triana y Camilo Vega, el comienzo de la serie ha coincidido con uno de los acuerdos más esperados de la mesa de diálogos de La Habana, que el pasado 15 de mayo se ha pronunciado sobre el proceso para desvincular a los menores de 15 años de los campamentos de la guerrilla.

En este contexto, cada capítulo de La Niña podría ser una oportunidad para recordar que los derechos de aquellos a quienes la guerra les ha robado la infancia, es un imperativo para la paz y un compromiso de todos, también de los espectadores.


Publicado en Vida Nueva Colombia No. 147.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Mujer, diaconado e Iglesia

“La Iglesia tiene que abrir caminos y espacios a la mujer si desea tener futuro”    

Entrevista a Maria Clara Lucchetti Bingemer, Teóloga brasileña



Antes de estudiar teología, la brasileña Maria Clara Lucchetti Bingemer se había graduado en comunicación social (1975) y ya era madre –con tres hijos–. Su título de teóloga lo obtuvo en 1982. Posteriormente, en 1985, la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Río) le otorgó el título de magíster en teología, y cuatro años más tarde se graduó como doctora en teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Su tesis doctoral la desarrolló sobre la mística trinitaria y la praxis cristiana en san Ignacio de Loyola.

Siempre ha combinado sus labores de docencia, orientación de tesis, pesquisas y organización de eventos y coloquios –sobre temas teológicos en diálogo con la sociedad y la cultura secular y plural– con su vida familiar. “Hoy soy abuela de cinco nietos que son mi alegría”, comenta con entusiasmo.

Actualmente, Maria Clara es profesora titular del departamento de teología de la PUC-Río y coordina la cátedra Carlo Maria Martini en la misma universidad. En su producción académica se revela su pasión por la mística y la literatura: “he investigado mucho sobre la filósofa y mística francesa Simone Weil, y últimamente me he interesado por el vínculo entre mística y literatura”, dice. De hecho, recientemente fue elegida presidenta de la Asociación Latinoamericana de Literatura y Teología. También hace parte del consejo editorial de la revista internacional de teología Concilium que se publica en seis idiomas.

Contactada por Vida Nueva, la teóloga brasileña comparte algunos puntos de vista sobre la participación de la mujer en la Iglesia y los actuales debates en torno a la reivindicación de su protagonismo y liderazgo, también en el campo de los estudios teológicos.

¿Por qué feminismo e ideología de género son temas polémicos al interior de la Iglesia católica?

Creo que hay diferentes posturas con relación al feminismo y a la ideología de género. La cuestión del feminismo habla del respeto al empoderamiento de la mujer, que reivindica un lugar de igualdad con relación al hombre, y se rebela contra la sumisión en la que ha permanecido a lo largo de muchos siglos en la sociedad y también en la Iglesia. El feminismo busca denunciar ciertas posturas eclesiales que considera ideológicas, tales como la imagen de María como ideal de la mujer –no la María bíblica, sino la María fruto de la ideología machista–, una concepción patriarcal de la sociedad y de la organización de la Iglesia, etc. La ideología de género, tal como la Iglesia la entiende, es parte de una teoría que afirma que el género no corresponde a la genitalidad biológica, y sí es una construcción cultural. De este modo, comportamientos que la cultura dice que corresponden al hombre o a la mujer, no son definidos genéticamente, pero sí son producidos culturalmente. 

Por otra parte, creo que combatir esas corrientes no es la postura más fecunda que la Iglesia pueda tomar. No es necesario estar de acuerdo con ellas, pero no se puede anatemizarlas. Se debe dialogar con ellas, ya que el mundo es plural y de esa pluralidad vendrá la luz, querámoslo o no. Reprimir esas manifestaciones solo distancia a la Iglesia de los sectores con los cuales ella podría mantener un diálogo fecundo y serio. Eso, a mi modo de ver, orientaría mucho más a los fieles, que viven en un mundo secularizado y aprecian la democracia y la libertad.

¿Desde qué criterios podría enfocarse el actual debate sobre la reivindicación del protagonismo de la mujer en la Iglesia?

Ponencia de Maria Clara Bingemer en el Congreso de SOTER
Creo que en la Iglesia nunca ha dado mucho resultado el enfrentamiento polémico y conflictivo. Considero que la discusión seria y la creación de hechos concretos ayuda mucho más. Por ejemplo, ocupar los espacios que se ofrecen y hacerlo con competencia es algo que ayuda. Eso hemos hecho las mujeres teólogas, con un resultado bastante positivo. Estudiar y obtener títulos académicos para poder discutir teología de igual a igual también aporta. Frente a una argumentación seria es muy difícil sostener posiciones rígidas que ya están superadas. Por lo menos esas posiciones quedan claramente desenmascaradas.

Asimismo, superar toda discriminación también es importante. Una cosa es tomar posiciones contra-culturales por convicciones profundas. Eso lo hace la Iglesia y a mi manera de ver tiene que continuar haciéndolo. Pero ante una actitud discriminatoria interna no se asumen posiciones. O por lo menos ellas no son sustentables ni a corto, ni a mediano, ni a largo plazo. Entre estas, la discriminación al cuerpo de la mujer me parece una de las más serias. He escrito algunos artículos al respecto.

Con respecto a la reforma de la Iglesia promovida por el papa Francisco, ¿qué asuntos no pueden dejarse de lado para que realmente se dé paso a un “nuevo tiempo” de la mujer en la Iglesia?

Creo que el acceso al conocimiento y a la docencia e investigación teológica es uno de ellos. También la participación en la toma de decisiones y el acceso a puestos de coordinación y dirección en la Iglesia. De igual forma, la cuestión de los ministerios debe ser cada vez más abierta, buscando siempre el consenso eclesial.

Todo esto ya acontece, en efecto, toda vez que las mujeres están obteniendo grados académicos en teología, ocupan puestos de coordinación en las comunidades eclesiales y vienen demostrando un auténtico genio creativo e imaginativo para que la Iglesia se torne más atrayente y viva. Yo misma escuché decir a un obispo: “si las mujeres se fueran, ¿cómo vamos a quedar?”. Entonces, es necesario tratarlas bien para que no se vayan.

Con relación a las religiosas creo que merecen una mención especial, dado que son una fuerza en la Iglesia y ahora tienen menos vocaciones, en buena parte por la manera como son tratadas por los hombres, sobre todo por los padres. Creo que es tiempo de valorar a la mujer consagrada que da su vida por el Evangelio y debe ser tratada como adulta en la fe y no como menor de edad incapaz, a fin de reconocer, con justicia, su talla. Las religiosas deben acceder a los mismos estudios que los religiosos hombres y deben ser apoyadas por sus congregaciones para desarrollar al máximo sus capacidades. Ellas tienen una entrega y una generosidad sin par y, por lo tanto, merecen ser valoradas.

En torno al diaconado de las mujeres, ¿qué argumentos deberían considerarse para avanzar en el estudio de este asunto, propuesto por el propio papa Francisco?

Si la Iglesia primitiva es normativa para la Iglesia universal, y si en el texto neotestamentario figuran las diaconisas, creo que por ahí ya está el argumento definitivo. Si era para realizar el bautismo de las mujeres o no, no importa. Hay un antecedente y una “jurisprudencia” bíblica que me parece esencial.

En segundo lugar, si lo que caracteriza el diaconado, en su propia etimología, es el servicio, ¿quién se equipara a la mujer en el servicio?, ¿quién mejor que la mujer para servir a los demás? Y esto acontece desde los tiempos de Jesús: discípulos eran los que lo seguían y servían, y entre ellos habían varias mujeres, como se expresa en el Evangelio de Lucas, en el capítulo 8. El padre Laurentin, gran teólogo y fuera de sospecha de progresismo no discreto, escribió mucho sobre esto, afirmando que la mayor revolución que Jesús realizó fue la referida a la liberación de las mujeres, y que infelizmente esa revolución después fue sofocada por la Iglesia en la historia.

De este modo, servir a Jesús y servir a la Iglesia también es carisma y misión de las mujeres. Creo que esos locus bíblicos deberían desarrollarse exhaustivamente. También lo que ya acontece de hecho en las comunidades, con las mujeres asumiendo servicios y siendo acogidas y valoradas por el pueblo, que considera sus celebraciones como verdaderas celebraciones y reconoce su liderazgo.

Otro de los temas en los que el Papa ha insistido es la “conversión pastoral”. ¿Cuáles son las implicaciones de esta conversión con miras a abrir caminos y espacios para el protagonismo de la mujer en la Iglesia?

Es una conversión urgente para que se pueda hablar de verdadera conversión pastoral. Mientras que la Iglesia sea y se comporte como una institución que discrimina a la mitad de la humanidad y a la mayoría de sus fieles –porque las mujeres son mayoría en el tejido eclesial– ¿cómo se puede hablar de conversión pastoral? ¿Qué eficacia simbólica y concreta tendrá una conversión pastoral que no incluya e integre a la mayoría de fieles, que únicamente desean seguir y servir a Jesús y proclamar su Evangelio y construir su Reino? En un mundo cada vez más igualitario, ¿cómo puede tener credibilidad una Iglesia que sigue discriminando y aislando a la mujer? La Iglesia tiene que abrir caminos y espacios a la mujer si desea tener futuro, esa es la cuestión.

¿Qué puede ofrecer América Latina, desde su itinerario post-conciliar, para aportar a la reflexión sobre el papel de la mujer en la Iglesia?

El feminismo latinoamericano nació en el ámbito de la teología de la liberación, como una revolución dentro de la revolución. Allí las mujeres encontraron opción y voz y comenzaron a ser valoradas sus reflexiones y escritos. Muchas mujeres se formaron no solo en la academia teológica sino en las Comunidades Eclesiales de Base de América Latina en los años dorados de la teología de la liberación. Hoy hay muchas mujeres teólogas en el continente, inclusive con proyección internacional. Sin embargo aún hace falta sentir su presencia más palpablemente en los puestos de decisión y en las facultades de teología oficiales. Hay asociaciones de teólogas que vienen desarrollando un trabajo muy bueno, como Teologanda en Argentina, y la Cátedra Feminista Latinoamericana de la universidad Iberoamericana en México.

Una última pregunta, ¿recuerda alguna experiencia particular, que podría ser “paradigmática” para comprender el protagonismo de la mujer en estos tiempos?

Difícil pregunta. Sin embargo, me parece que la mejor respuesta es la conciencia que se va imponiendo y que tiene algunas señales concretas: el uso de un lenguaje inclusivo, la preocupación con el balance de género al escoger cargos de jefatura y liderazgo, la presencia de las mujeres –aún minoritaria– en las facultades de teología –no así en los seminarios–.

La PUC de Río, donde trabajo, por ejemplo, es iluminadora en este sentido. Cuando los jesuitas se mudaron para Belo Horizonte, el cuerpo docente quedó muy debilitado. Entonces, el director convidó a varios laicos recién formados, entre ellos varias mujeres, para dar clases. Poco a poco estas mujeres se fueron afirmando como profesoras, orientadoras e investigadoras, ocupando inclusive puestos académicos de importancia en la misma universidad. Yo, por ejemplo, fui decana del centro de teología y ciencias humanas de la universidad. Otras colegas han sido miembros del consejo del departamento de teología y también han ocupado otros puestos relevantes. Siempre hemos tenido muchas orientaciones de tesis y disertaciones, y siempre hemos sido muy bien evaluadas por los alumnos. Me parece que eso es lo que he llamado –al inicio de esta entrevista– ocupar espacios vacíos con competencia.

Concluyo diciendo que si la Iglesia quiere ser “perita” en humanidad, según se afirma en la Gaudium et spes, es preciso reconocer que la humanidad está compuesta de hombres y mujeres. Por lo tanto, no es posible dejar a la mitad de la humanidad por fuera de su “pericia”.

@OscarElizaldeP

Publicado en: Vida Nueva Colombia No. 151

miércoles, 10 de agosto de 2016

Olimpiadas y periferias

LOS “OTROS” JUEGOS OLÍMPICOS


“Una cosa será Río durante los Juegos, una ciudad bonita y con mucho brillo, pero otra cosa es la realidad que uno vive todos los días”, comenta abiertamente Camila Farias, una profesora de 26 años, mientras desciende de la furgoneta blanca que la transporta a la parte alta de la favela de Vidigal, donde siempre ha vivido. “Sinceramente no sé si las olimpiadas van a generar algún beneficio para nuestra comunidad”, agrega la joven educadora, quién también es catequista de confirmación en su parroquia y se muestra favorable a la “cultura del encuentro” que viene promoviendo la arquidiócesis de Río de Janeiro –en comunión con el papa Francisco– con motivo de los primeros Juegos Olímpicos y Paralímpicos que acontecen en un país suramericano.

La favela de Vidigal se ubica en la zona sur de Río de Janeiro, encallada –paradójicamente– entre Leblon y São Conrado, dos de los barrios más exclusivos de la ciudad. Sus habitantes anualmente conmemoran la visita que recibieron del papa san Juan Pablo II, el 2 de julio de 1980, marcando el final de las tentativas de remoción de aquella época, la conquista urbana del asentamiento y el apogeo de una cultura propia que les ha permitido sobrevivir, organizarse y pacificarse autónomamente, consolidándose, incluso, como un inusitado destino turístico de bajo costo.

Antes de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2013, cuando Francisco visitó la favela de Varguinha, en la zona norte, Armando de Almeida Lima, uno de los líderes de Vidigal, a sus 71 años recordaba que con la visita del papa polaco “los habitantes sintieron que no eran tan invisibles, la imagen de las favelas comenzó a cambiar, y en breve, la gente fue descubriendo que existen personas de bien en las favelas”.

‘Remoción blanca’

En Río, la comunidad de Vidigal es “campeona olímpica” de resistencia ante las permanentes tentativas de ‘remoción blanca’, como son llamados los procesos de desalojo y valorización que busca expulsar a sus habitantes originales para dar lugar a lujosos proyectos inmobiliarios. De hecho, ad portas de los Juegos Olímpicos, Evânio Pereira de Paula, quien lidera algunos proyectos sociales, deportivos y culturales en la favela (ver recuadro), sostiene que, “además de las presiones del poder financiero e inmobiliario, el aumento del costo de vida por fuera de la realidad del ciudadano común, están generando nuevas formas de remoción: ahora, el valor de un litro de leche prácticamente se ha duplicado, y por un kilo de fríjol se paga casi el triple”.

Deporte y cultura para todos

Con la mirada puesta en la comunidad de Vidigal, la Asociación Deportiva y Cultural Horizonte desarrolla su labor social gratuitamente a favor de la niñez, la juventud y la tercera edad de la favela, ofreciendo clases de gimnasia, rumba, capoeira, danza de salón… y promoviendo eventos culturales para conservar las tradiciones brasileñas. Durante las Olimpiadas será inaugurada una clase de yoga para niños, aunque esta no sea, propiamente, una modalidad olímpica.

Ciertamente, en torno a grandes espectáculos deportivos de carácter temporal –como la Copa do Mundo y los Juegos Olímpicos– la capital del estado fluminense, bajo la alcaldía de Eduardo Paes, ha “batido récord” en remociones de comunidades pobres, que de acuerdo con el municipio, entre 2009 y 2015 llegó a 22.059 familias.

Así, miles de personas que antes habitaban en áreas centrales, fueron desplazadas a la periferia, desconectadas de la ciudad y carentes de infraestructura, so pretexto de las obras que serían necesarias para responder a los requerimientos de los certámenes internacionales, pero también para beneficiar a la misma población. No obstante, “la transformación de estos eventos en grandes plataformas de negocios aparecen de forma clara”, como ha explicado Raquel Rolnik, profesora de la Universidad de São Paulo y relatora de las Naciones Unidas para el derecho a una vivienda adecuada entre 2008 y 2014, denunciando que “hasta hoy no se sabe exactamente quién fue el autor de los proyectos de intervención urbanística para la recepción de la Copa y de las Olimpiadas en Río de Janeiro; teníamos aún menos información sobre los posibles afectados”.

En este mismo sentido, las investigaciones de Lucas Faulhaber y Lena Azevedo sobre las Remociones en el Río de Janeiro olímpico (2015), revelaron que el ascenso de los pobres hacia la periferia, como “proceso de segregación y diferenciación social y/o geográfica, tiene motivaciones económicas, políticas y culturales (…), en detrimento de sus derechos ciudadanos. En este proceso, aquellos que pierden sus casas por la valorización del territorio son marginados frente a la reorganización de la ocupación y la apropiación del espacio urbano”.

Frente a este panorama de exclusión olímpica, Evânio recuerda que cuando apenas tenía 3 años acompañó a sus padres en una histórica “batucada” de cacerolas y banderines en Vidigal, que evitó el desplazamiento de la comunidad en el año de 1978, animados y sostenidos por el legado de monseñor Hélder Câmara, el fundador de la pastoral de las favelas y el creador de la Cruzada São Sebastián –siendo obispo auxiliar de Río de Janeiro– que reivindicó la dignidad y los derechos de los favelados. Por su parte, el actual arzobispo de la ciudad, el cardenal Orani João Tempesta, ha destacado el propósito de la arquidiócesis de continuar acompañando de cerca a los más vulnerables, albergando la esperanza de que “dentro de poco su situación se vaya resolviendo, de modo que las personas que han tenido dificultades reciban también una solución”.

Espíritu olímpico

A favor del espíritu fraterno, solidario y pacífico de las olimpiadas, que supone la multicultural convivencia de los 10.500 atletas provenientes de 206 países que compartirán la villa olímpica, entre los que se encuentra, por primera vez, un Equipo Olímpico de Refugiados compuesto por diez atletas, la Iglesia local ha desarrollado diversas iniciativas en torno a la “cultura del encuentro”, que incluye la acogida de visitantes en las calles, en las inmediaciones de los escenarios deportivos que se extienden en los complejos olímpicos de Barra, Deodoro, Copacabana y Maracanã, y, por supuesto, en las parroquias, particularmente en aquellas donde se celebrará la eucaristía en otras lenguas, como se hizo durante la JMJ en 2013.

Así también, a la luz de la positiva experiencia adoptada para la recepción de peregrinos y voluntarios durante la JMJ, la arquidiócesis de Río de Janeiro ha liderado el proyecto “Mi lugar en Río”, una plataforma colaborativa que permite a los habitantes de la ciudad-sede de los Juegos, recibir voluntarios.

Al servicio de los atletas, los entrenadores y las delegaciones de los países, el centro inter-religioso de la villa olímpica abrió sus puertas el 24 de julio, con espacios para que cristianos, judíos, budistas, hinduistas y musulmanes puedan practicar su fe, además de un ambiente de convivencia y otro de consejería, con el acompañamiento permanente de sus respectivos guías espirituales. “Cada atleta necesita tener con quién alegrarse en la hora de la victoria, pero también necesita el hombro de un amigo en el momento en que alguna cosa no salga bien”, afirma el coordinador de esta propuesta de capellanía inter-religiosa, el sacerdote católico Leandro Lenin Tavares, quien manifiesta una particular sensibilidad por los signos de fraternidad entre las religiones y la integralidad de los deportistas.

Pasando a otros campos de evangelización, la Conferencia de Religiosos/as de Brasil, a través de la red Un grito por la vida, se ha mostrado particularmente preocupada por la concientización y la prevención del tráfico humano durante las olimpiadas y paralimpiadas –como ya lo ha hecho en otros mega-eventos– promoviendo la campaña “Juegue a favor de la vida, denuncie el tráfico de personas”, para enfrentar la explotación sexual. Del mismo modo, la pastoral del turismo de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, por sus siglas en portugués) ha propuesto unas “Olimpiadas sin tráfico de personas: ¡este es nuestro sueño olímpico!”, incentivando la defensa de la vida y de la dignidad humana, con el propósito de “despertar el virus del bien en las redes sociales”, como refiere su responsable, a nivel nacional, el padre Manuel Filho: “esperamos que las personas que tengan acceso a la campaña, al menos una vez, reflexionen un poco y salgan de la lógica del mercado para pensar, efectivamente, en juegos saludables en todos los aspectos”.

Violencia e inseguridad

Más allá de las olimpiadas, una de las mayores apuestas de la Iglesia de Río de Janeiro tiene que ver con la consolidación de una cultura de paz, que incluye una tregua de 100 días (ver recuadro), en un contexto marcado por el incremento de la violencia y de la inseguridad. Según el Instituto de Seguridad Pública del estado, el primer cuatrimestre de este año los homicidios en la ciudad crecieron 15,41%, y los robos aumentaron 20,94%, con relación al mismo período del año anterior. En promedio, se cometen 21 robos por hora y 14 asesinatos diarios. A este cuadro sombrío, se añade la crisis de la policía civil, que a inicios de julio elevó voces de protestas frente a las difíciles condiciones de trabajo y a los atrasos en el pago de salarios. Para Luis Eduardo Soares, especialista en seguridad pública, “la situación es caótica: el Estado no cumple sus obligaciones, la policía civil no tiene ni papel ni teléfono, y la luz está atrasada, no hay mantenimiento de vehículos. La policía militar también sufre severamente, y las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) ya enfrentaban una crisis aguda”.

Tregua olímpica

Inspirada por la tradición de la “tregua olímpica” en los juegos que se celebraban en la antigua Grecia, la pastoral del deporte de la arquidiócesis de Río promueve la campaña 100 días de paz, lanzada el 23 de junio, día internacional olímpico, con el propósito de integrar los valores cristianos y deportivos, a favor de la evangelización y de la cultura de la paz.

Sin embargo, después del fatal atentado de Niza, el 14 de julio, la tensión del terrorismo se disparó, a pesar de las declaraciones del presidente interino Michel Temer, quien al día siguiente aseguró en GloboNews que “Brasil está preparadísimo para enfrentar el terrorismo”. Evidentemente, revisados los esquemas de seguridad, se anunciaron nuevas medidas que serán llevadas a cabo por un contingente de más de 70.000 profesionales –que prácticamente podría colmar el Maracanã– encargados de velar por la seguridad de la ciudad por aire, tierra y mar. 80 aeronaves de la fuerza aérea, 38.000 militares de las fuerzas armadas, y prácticamente 1.000 agentes de inteligencia de 70 países, se encargan directamente de frenar la amenaza de terrorismo, aunque el teniente-coronel Adriano Klafke ha planteado que “la mejor estrategia es estar preparado para lo peor, esperando que ocurra lo mejor”.

Escenario deportivo en Copacabana
Con todo, en términos generales Faustino Teixeira, teólogo de la Universidad Federal de Juiz de Fora, considera que “las olimpiadas acontecen en un momento muy difícil para la mayoría de los brasileños, con desgaste político y social, corrupción y desencanto, que contrasta con las expectativas por un gran espectáculo mundial”. El jesuita Jaldemir Vitório, asesor teológico de la comisión pastoral de derechos humanos de la arquidiócesis de Belo Horizonte, coincide con Teixeira: “estos Juegos están atrayendo las miradas del mundo hacia Brasil, pero no están atrayendo la mirada de los brasileños hacia los Juegos, cuando estamos viviendo un momento muy delicado, marcado por el desempleo y la corrupción que alcanza dimensiones inusitadas, incluso en el mundo del deporte”.

El titular de la Folha de S. Paulo del 19 de julio es particularmente revelador: “la mitad de los brasileños se oponen a los Juegos en Río”. La pesquisa de Datafolha demostró que “para el 63%, la Olimpiada, cuyo presupuesto sobrepasa los 39 billones de reales (10,7 billones de euros), traerá más perjuicio que beneficio a los brasileños”. Es lo mismo que afirma Moacir José de Souza, resumiendo el sentir de los transeúntes que se aproximan al kiosco de revistas donde trabaja, en Copacabana: “la gente no está muy conectada con los Juegos, porque hubo muchas cosas erradas y no está trayendo ventajas, así sucedió también con los Panamericanos”.

Para el teólogo laico Cesar Augusto Kuzma, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río y presidente de la Sociedad de Teología y Ciencias de la Religión, “aunque la naturaleza de los Juegos en sí es buena, porque favorece el intercambio cultural y la paz, el precio que se paga es muy caro: el precio de la vivienda subió el triple o más, tenemos comunidades desplazadas, graves carencias en salud y educación, con poca asistencia para los niños y los ancianos”

¿Para quién son las olimpiadas?, se pregunta Carlos Eduardo Cardozo, director de la escuela Stella Maris, en Vidigal, y asesor de la comisión educativa de la arquidiócesis. “Da la impresión de que no es para el pueblo ni para quien habita en las favelas, y mientras tanto tenemos más 40 escuelas públicas en paro y en otras tuvimos que trasladar el receso escolar de julio para agosto”.

¿Y el legado?

De regreso a Vidigal, a pocos metros de la UPP, que por estos días ha pasado de 20 a 300 efectivos, se divisa el único escenario deportivo disponible para una población de 35.000 habitantes: la Villa Olímpica Vidigal. Allí se encuentra, con sus tres pequeños hijos, Wanderley Gomes, de 49 años, un ‘formador de opinión’ –como él mismo se denomina– de la radio comunitaria Estilo Livre FM. “Me hubiera gustado que en esta comunidad se hubiera realizado algún proyecto vinculado al Comité Olímpico Internacional –lamenta el comunicador– al menos algún proyecto deportivo orientado a los niños y a los jóvenes, que son el futuro de esta comunidad. Lo único que tenemos es esta villa, que no es olímpica pues apenas tiene un campo de fútbol y una cancha múltiple”.

Aunque el Complejo Olímpico de Copacabana se extenderá hasta los pies de la favela de Vidigal para dar lugar a la competencia de ciclismo de ruta, faltando dos semanas para el inicio de las olimpiadas, la comunidad aún no había sido informada sobre las consecuencias que ello representaría en sus labores cotidianas. Algo sí parecía seguro, dijo Wanderley: “no tendremos ningún impacto positivo, en cambio, tendremos muchos inconvenientes de movilización, pues la avenida Niemeyer, que ha sido adecuada para los Juegos, es nuestra única vía de acceso, va a estar cerrada, y nosotros tendremos que ir a otro barrio a pie para tomar transporte e ir a trabajar”. En la práctica, serán entre 40 minutos y una hora y media en menoscabo de la calidad de vida de la población.

Después de los Juegos habrán nuevas vías, es cierto, nuevos espacios deportivos, y se espera que también surjan nuevas obras educativas, y que los proyectos sociales como “Río se Mueve”, liderado por la arquidiócesis de Río, permanezcan. Sin embargo, se cerrarán muchos puestos de trabajo temporales que se generaron en torno a los Juegos, y, el balance socio-ambiental no es muy halagador, como plantea el ecoteólogo Afonso Murad: “el proceso de descontaminación de la bahía de Guanabara y del sistema de las lagunas de Barra y de Jacarepaguá no se realizó, como había sido prometido, continúan en una situación deplorable, con cantidad enorme de residuos orgánicos y basura que incluso pone en riesgo la salud de las personas”

Con realismo, Wanderley pondera que “los grandes eventos no han traído ningún beneficio tangible a las comunidades más pobres, como Vidigal, que –a propósito del ciclismo de ruta– está acostumbrada a luchar con sus propias piernas”.

@OscarElizaldeP


*Versión ampliada del reportaje publicado en la revista Vida Nueva No. 2999.